4 de julio de 2015

diminutillos

148. 

desvividos llegamos
al día final cada mañana
al final del día cada hora
a casi consumirnos
cuando menos lo esperamos
mientras nos convencemos
de que fingir es un arte
accesible para imbéciles

1 de julio de 2015

27 de junio de 2015

P-30



Salida 6. Los buenos alimentos 

Queremos recorrer las ciudades sin esfuerzo. Llegar de la periferia al centro en el menor tiempo posible y poder volver después a cualquier hora, también rápido, sin que nos cueste una gota de sudor.

Le pedimos a nuestro ocio que venga a nuestras casas o que esté a tiro de piedra. Que sea entretenimiento con un ligero toque de especias, con una aparente intención de profundidad, que se le vea el fondo lo justo; porque pensar y sentir no está entre nuestras prioridades. El ocio ha de ser narcótico o no ser.

Le pedimos a las ideas que sirvan para algo, que sean nuestras siervas y que no pesen mucho, que no haya que estar pendiente de sus derivaciones. Las ideas no tienen que tener tentáculos como los pulpos sino estar ya fileteadas, con la piel retirada y ultracongeladas. Listas para poner al horno y comer en cinco minutos.

En general nos hemos olvidado de construir para convertirnos en expertos en consumir. Así los ladrillos y la materia prima para los buenos guisos han dejado de ser importantes y por tanto de ser atendidos, ya no son necesarios.

Esta comodidad no puede extenderse a nuestro esfuerzo creativo. El utilitarismo impaciente es enemigo del trabajo razonado, sazonado y asentado. Hagamos lo que hagamos, tenemos que fertilizar nuestra mente, picar de aquí y de allá, de otras artes y de otras voces. Almacenar alimentos en esa habitación oscura y fresca para que asienten y, cuando estén a punto para ser echados al burbujeante caldero, poder tomarlos con seguridad, de forma natural; incluirlos casi sin darnos cuenta en nuestra versión personal del plato que se lleva cocinando siglos   

“Algo muy lógico lo que propongo, ¿verdad? Pero vengo notando que ese apetito demasiadas veces se sacia de forma rápida y parcial. Se toma lo inmediato y no se profundiza. Mi madre, de niño, me decía que los dientes no están para morder sino para masticar. Así que elige bien lo que vas a llevarte a la boca, tritúralo despacio, con deleite, y no lo tragues hasta haber apurado su sabor. Tu estómago y tu poesía te lo agradecerán”. 

Sobre esta despensa creativa reflexiono en el blog de la Escuela de Formación de Escritores. Más concretamente sobre mi alacena poética. Podéis leer la entrada mencionada en este enlace: http://escueladeformaciondeescritores.es/estar-siempre-hambriento/




24 de junio de 2015

diminutillos



146.

no desprecies la cuesta
que asciende al verbo
o la sima que obliga
a bucear en un nombre falso

no pronuncies las palabras
si quieres habitarlas

20 de junio de 2015

diminutillos


145.

tantos muertos nos contemplan
tantos vivos miran como ellos
son tantos los muertos y los vivos
son tantos tontos vivos como muertos

ante la aturdida mayoría atontada
se busca alguien para hacer recuento