20 de mayo de 2015

16 de mayo de 2015

Hoy, contra los ingenieros

Recuerda: entre lo que no está en venta hallarás lo necesario y esencial. Es en esos objetos y lugares sin etiqueta de precio o prejuicio donde hay que esforzarse por ser el primero de nuestra promoción.

Puedes ser igual de buen ingeniero teniendo eso que llaman humanidad, conociendo cómo funciona el mundo que llenas de supuestas mejoras. No debes emplear tu tiempo en pulirte el sueldo, en derrochar en distracciones eso por lo que tanto has trabajado. Tu pecho, como el de casi todo el mundo, es un pasillo con perniciosas corrientes que te hielan la capacidad de sentir; ¿quién dejó la ventana abierta? Tendrías que estar ya buscándola, preparándote para arrojar por ella todo ese montón de cachivaches que te lastran. Querer asomarte y disfrutar contemplando la realidad.

Tú que sabes la fórmula para asociar la tecnología al olvido, que sabes como se está trabajando en ella para que la amnesia y los ojos apuntando a lo tangencial alcancen proporciones épicas... hasta que nos olvidemos de nosotros mismos. Tú que lo sabes, no caerás en esa trampa concurrida como una ronda de circunvalación en hora punta; esa que ha ido erosionando la opinión que nos merece la conciencia. Esa que ha hecho que enamorarse sea la nueva aventura: Orinoco para arriba, Orinoco para abajo, en busca de El Dorado. Esa que ha convertido nuestra capacidad de ver el mundo con objetividad en un animal criptozoológico.

Sí, en nuestra «aseadita» sociedad democrática, es más fácil encontrar al Yeti en la pelu haciéndose la permanente que atreverse a un acto desinteresado. Por eso, no pises el cepo de «tengo que emplear mis horas en entretenerme». No escindas el mundo en trabajo-ocio. Tú eres el mismo siempre: cuando trabajas, cuando descansas en casa, cuando investigas sobre algo que te interesa... Uno, el mismo en todas las situaciones. Ya está bien de disociaciones adaptativas. Porque no es cuestión de saber estar en cada lugar, es cuestión de que hasta yo, que soy más bien tonto, veo un filón en esto de clonar personas y mandar a cada uno, con su personalidad ad hoc, a un ámbito vital. No podemos desarrollar más que una personalidad y es bueno que se nos note.

Tú que, como yo y como todos, has aprendido (y qué le vas a hacer) a pagar antes que a pensar; a esforzarte solo por lo material e inmediato; a conformarte con un par de piezas del puzle; a verle la gracia a los agujeros del gruyer, y a idolatrar todo lo que se enchufa; asómate a esa ventana, contempla y huele la realidad. Nota como el aire se va templando y ya no tienes tanto frío en los pasillos del pecho. Como el seso se despereza. Adiestra tus ojos para ver esa forma disciplinada que tienen de moverse las hormigas ahí abajo. Cuando esos bichos despierten tu simpatía, será hora de bajar, de caminar con ellos, de probar esa otra disciplina que hay que tener para sumergirse en lo desconocido. Como el buzo que baja muy profundo y después tiene que ascender poco a poco para acostumbrar el cuerpo a la presión del entorno habitual. Es complicado mirar igual las cosas cuando se ha estado en el fondo de la fosa de las Marianas.

Eres igual que yo y no me cansaré hasta que dejes esta retahíla reaccionaria de la cultura del esfuerzo. ¡Cómo no vas a defenderla si eres uno de sus afortunados elegidos! Yo también he sido un privilegiado, también he querido ser recipiente vacío, y por eso me atrevo con cautela a decirte que, antes de que el esfuerzo nos ponga a todos en nuestro sitio, tendremos que asegurarnos de que la línea de partida es la misma para todos los corredores. Construyamos y vivamos en una cultura de la justicia y dejemos que cada uno se esfuerce lo que quiera sabiendo que para que tú o yo podamos tapar el agujero del queso nadie tendrá que convertirse en agujero.

Tú eres la prueba de que el hombre no es egoísta por naturaleza; tú que creas, con toda la potencia de la ciencia aplicada al buen vivir, lugares más bellos y más humanos. Tú, como cualquier hombre, eres capaz de pagar por metérsela a una bomba nuclear o de utilizar tu deseo para aniquilar el egoísmo. Te aseguro que estarás también cómodo y seguirás sintiéndote bien. Vivirás a gusto porque te mereces una buena vida. Nadie niega tu capacidad, solo tus elecciones. Como hoy, perseguirás la felicidad, pero también sabrás hallarla sin tirar de tarjeta. Habrás aprendido sobre la necesidad de no dejar que otros manejen tus ojos y no tendrás miedo a amar porque ya no verás el amor como un perdida de algo que te define. Como una rendición de tu fortaleza.

Te mirarás, ingeniero, allí abajo entre las disciplinadas hormigas y estarás orgulloso de haberles puesto más fácil las cosas. Estarás orgulloso de tu ingenio y no querrás estar en Babia a todas horas. Seguirás persiguiéndote, queriendo ser la mejor versión de ti mismo sin que te den un duro por hacerlo. Seremos muy parecidos, aunque yo solo sepa juntar letras e imaginar un mundo y tú seas capaz de traernos la mecánica necesaria para hacerlo real.

13 de mayo de 2015

¿Hay alguien?

Desestar
Detestar
Desatar
Desanimar
De
ausencia
derramado
estar
a la fuerza
aquí
desestando
y quedarme
para siempre
siendo ese otro
imposible
Decapitado
Derrumbado
Derrengado
al borde de sus bordes
inestable
No estando
Sin estancia
y sin estado

9 de mayo de 2015

diminutillos

139.

Quiero estar solo que no único
Quiero estar aislado que no asolado
Quiero poder mirarme a la soledad
y reconocer a alguien que fue alguien

Quiero haber estado
habitado
por una diminuta posibilidad de luz

6 de mayo de 2015

Uno menos en la pila de libros pendientes

John Connolly
Tusquets, Colección Maxi, 329p.

Pero qué has hecho, Charlie, para merecer esta soledad y esta vida alternativa que te tiene apagado y mustio. Un buscaproblemas como eres tú no puede permanecer en ayuno de cadáveres tanto tiempo. Creo que no estás bien, se te notan las canas y las ojeras; y el pobre Walter está inquieto porque apenas te ve. No eres consciente de que no estás siendo tú mismo. Charlie me respondió, me dijo que no me preocupara, que aunque le hubieran puteado poniéndole mil trabas a sus investigaciones, se traía algo entre manos. Me invitó a una cerveza de importación y se fue al otro extremo de la barra del Great Lost Bear a atender a una menuda, morena y bonita señorita.

Lo que «Bird» Parker estaba tramando era desentrañar las misteriosas circunstancias que rodearon el suicidio de su padre. Porque que el bueno de Charlie no se imaginaba qué podría haber llevado a su amado progenitor a asesinar con esa sangre fría a los dos muchachos y después a quitarse la vida sin dar la más mínima explicación ni a él ni a su madre.

De esto trata principalmente esta entrega de la saga detectivesca que tan bien lleva adelante John Connolly. La verdad es que, comparada con algunas antecesoras, esta novela es algo más floja, de estructura menos lograda —aunque igual destreza narrativa— y con un tono que eleva menos la tensión que en entregas precedentes. Aun así, me ha gustado: por ser seguidor de la serie, me ha sorprendido como se desvelan asuntos tan cruciales en la vida de Parker; y como lector aséptico de novela policíaca, porque el estilo ágil del autor y su capacidad para crear ambientes es impresionante. He echado de menos más cantidad de diálogos, esas parrafadas fanfarronas de Parker, y una presencia más justificada de Louis y Angel en la obra (parecen un poco metidos con calzador en esta ocasión).

En fin, la saga continua y ya sabemos mucho del pasado atormentado de Charlie Parker, así lo apreciamos más, nos identificamos más con él y con su cruzada perdida de antemano con las fuerzas del mal que, dicho sea de paso, cada vez están más patentes. Quizás Los amantes es una obra de transición, espero que el tono y las tramas brillantes remonten en el próximo libro de la serie: Voces que susurran. Aun así, una gozada de lectura que tiene en su última página un par de promesas sugerentes a desarrollar en el futuro, todo un detalle para los seguidores de este pobre investigador privado.